martes, 20 de diciembre de 2011
De recuerdos y suspiros
jueves, 23 de junio de 2011
viernes, 10 de junio de 2011
CONFIAR ES, CASI SIEMPRE, ABANDONARSE.
miércoles, 8 de junio de 2011
Día Mundial de los Océanos
Pues a ti todo. Puede no parecer importante, pero los océanos son los pulmones de la Tierra. Son la principal fuente de oxígeno y los que más dióxido de carbono absorben. Sin embargo, hemos sido peores que fumadores empedernidos. El aumento de los gases de efecto invernadero en los últimos cincuenta años ha sido tal, que el océano ha llegado a su límite. Si seguimos así sólo nos irá peor, ya no habrá vuelta atrás.
Pero aún no es tarde. Aún podemos recuperar parte de lo que hemos perdido, evitar mayores lesiones y hacernos responsables de lo que hemos causado. Una manera muy simple y un buen punto de partida el día de hoy es reflexionar por qué es importante conmemorar el Día Mundial de los Océanos.
De entrada puede parecer una estrategia más de mercadotecnia, como catorce de febrero, pero ¿quién ganaría dinero con esto? ¿Los vendedores de comida para peces? No creo, esos bichos que venden en las veterinarias casi ni comen. Lo que la ONU trató de hacer al darle un día a los océanos es crear conciencia sobre la importancia de su conservación y manejo sustentable.
El slogan de este año fue: "Nuestros océanos: por un futuro verde". Suena bien, pero no nos dejemos guiar por la idea de que todo lo verde es ecológico y por lo tanto bueno para el medio ambiente. Vayamos un poco más allá del discurso oficial y pensemos en la última vez que vimos fuimos a la playa, lo hermoso que fue el atardecer y los misterios que las olas dejaban entrever a cada vaivén. Porque los misterios del mar son innumerables, la cantidad estimada de especies es exorbitante así que no podemos acabar con algo que no conocemos ni hemos terminado de entender.
Si no te mueve cuidar eso de lo que dependes, por la contemplación y la felicidad intrínsecos a el, apelo a tu curiosidad. Esto con la finalidad de evitar que se acaben los arrecifes de coral, se extingan más especies y que ocurran otros daños irreversibles a todo el sistema Tierra.
Entonces, celebremos este día (o lo que queda de el) buscando formas de no contaminar los océanos y preguntándole a nuestra almohada (y a Google) si vale la pena hacerlo. Seguramente, la respuesta será sí.
sábado, 4 de junio de 2011
La levedad y el peso
martes, 31 de mayo de 2011
Salir con chicas que no leen vs Salir con chicas que leen
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.
Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.
Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.
Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.
Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.
Por lo menos tiene que intentarlo.
Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.
Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.
¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la sagaCrepúsculo.
Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.
Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.
Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.
Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.
jueves, 28 de abril de 2011
alguien con Nombre y Apellido
miércoles, 27 de abril de 2011
Ella ama
No puede con su impulso
Su alma se derrama
En llanto que reclama
Llama a la nada
Tiene grito en la garganta
Tu nombre es el que llama
Abierta entre tus silencios
Corroe sus entrañas
Tiene venas abiertas
Salitre las embriaga
Rompiendo las cadenas
Engarza la palabra
Vía @Fito
http://eyeofthemoon.tumblr.com/post/5005073359/ella
viernes, 22 de abril de 2011
A ti y a ti
Amigos pocos. Eso dicen. Pero, ¿Qué importa lo que diga la gente? Lo que importa es lo que se siente y lo que se piensa. Y hoy siento, una vez más, que no merezco lo que tengo. No merezco tener a alguien que me escuche cada vez que se me antoja, mucho menos que le importe eso que estoy diciendo. No sé cómo fue que me topé con alguien tan alegre, bondadoso, desinteresado, impuntual y paciente. Lo mejor de todo, es que no nada más fue un alguien, fueron dos. Mis AMIGAS. En relativamente poco tiempo, encontré otra familia en esas dos personas, otro hogar donde ahora me reciben con los brazos abiertos y fui capaz de dar… Espero haber y seguir dando lo suficiente.
Hoy es un buen día para dar las gracias por esas amigas tan especiales, porque sigan viendo muchas lunas más y festejando un aumento de arrugas impresionante. Gracias, crezcan y envejezcan.
martes, 5 de abril de 2011
La mera verdad.
Soy lo que dejaron, soy toda la sobra de lo que se robaron. Un pueblo escondido en la cima, mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima. Soy una fábrica de humo, mano de obra campesina para tu consumo; frente de frio en el medio del verano, el amor en los tiempos del cólera, mi hermano; el sol que nace y el día que muere, con los mejores atardeceres. Soy el desarrollo en carne viva, un discurso político sin saliva; las caras más bonitas que he conocido, soy la fotografía de un desaparecido.
Soy la sangre dentro de tus venas, soy un pedazo de tierra que vale la pena. Soy una canasta con frijoles, soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles. Soy lo que sostiene mi bandera, la espina dorsal del planeta es mi cordillera. Soy lo que me enseño mi padre, el que no quiere a su patria no quiere a su madre. Soy América latina, un pueblo sin piernas pero que camina.
Tengo los lagos, tengo los ríos. Tengo mis dientes pa` cuando me sonrío, la nieve que maquilla mis montañas. Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña; un desierto embriagado con peyote, un trago de pulque para cantar con los coyotes; todo lo que necesito. Tengo mis pulmones respirando azul clarito la altura que sofoca.
Soy las muelas de mi boca mascando coca; el otoño con sus hojas desmalladas; los versos escritos bajo la noche estrellada; una viña repleta de uvas; un cañaveral bajo el sol en Cuba. Soy el mar Caribe que vigila las casitas haciendo rituales de agua bendita; el viento que peina mi cabello. Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello, el jugo de mi lucha no es artificial porque el abono de mi tierra es natural.
Tú no puedes comprar al viento, no puedes comprar al sol. Tú no puedes comprar la lluvia, no puedes comprar el calor. Tú no puedes comprar las nubes, no puedes comprar los colores. Tú no puedes comprar mi alegría, no puedes comprar mis dolores. Mi tierra no se vende…
Ahora que has leído una buena parte de la realidad, pregúntate si no es cierto que cada frase está llena de una razón innegable. Créanlo o no, éstas palabras son cortesía de Calle 13, quienes nos demuestran que Latinoamérica es la tierra que no debería venderse...
lunes, 17 de enero de 2011
Entre malos y peores

¿Una crítica al gobierno? ¿Una crítica social? Jamás. Ni la política ni la gente es algo que me interese. No creo en una por ser derivada de la otra. Cada día que pasa me convenzo más del egoísmo infinito del ser humano, de que todos los problemas se deben a eso y a la sobrepoblación. Seguramente la única solución es un exterminio. Si sirviera de algo, participaría en un suicidio masivo, quizá sin pensarlo demasiado.
miércoles, 12 de enero de 2011
Posible solución a un callejón sin salida
¿Cómo sabes cuando algo empieza? ¿Cómo te das cuenta que algo ya terminó? Cuando estás seguro de conocer el inicio, distinguir el principio del fin no parece tan difícil (incluso si se trata de un círculo). Pero, ¿qué pasa cuando te saltas el “érase una vez”? Aun cuando llegues al “y vivieron felices para siempre” tendrás esa sensación de olvido, como cuando sales de un lugar con las manos vacías habiendo entrado con kilos y kilos de cosas. Lo que pasa es que así como no hay principio tampoco hay final; pasa que no sabes como acaba la historia, sólo sigues viviéndola. Es un callejón sin salida, si es que acaso estás buscando una.
Lo complicado del asunto es que no es un callejón. Todo se convierte en una vida que te tiene encerrado en mil paredes, un mundo de recuerdos, un mar con sabor a eso que no sabes cómo terminar. Si la cosa es tan grande, debería haber muchas maneras de salir, así como muchas de estar ahí dentro. Si no hay un principio definido, las posibilidades para que empezara son infinitas, por lo tanto, se abre una infinidad de posibles finales. ¿O no?
Las cosas son tan relativas en estos días que parece poco probable que algo de lo anterior sea cierto, pero lo es. Es por eso que con nosotros la historia nunca se acaba. Porque no hemos podido definir un inicio y un final, porque todo empezó a destiempo y terminó igual. Porque aun cuando hubiera terminado e iniciado justo al mismo tiempo para los dos, la forma de ver el mundo habría cambiado el momento. Porque tú y yo no somos iguales estamos condenados a vivir el desenlace de la historia, nunca nada más.
Por Einstein y los cuentos de hadas. Por lo que fue y ya no será y lo que no importa que no sea. Vivir con la realidad, la que sea que quieras elegir es lo único que se necesita, es la única posible solución. No se ocupan ni principios ni finales, ni ética ni valores. Sólo resignación.
Buscando pedazos
Y esa noche, mientras todos trataban de ver aunque fuera un pedazo de ese famoso director de cine y su delgada acompañante, yo sólo te buscaba a ti. Buscaba ese cabello inconfundible entre el mar de gente que trataba de acercarse a la malla para estar un poco más cerca de las estrellas. Yo sólo quería ver un trozo de ti.
Pero no logré verte, ni siquiera tantito. Ni esa noche ni nunca más. Ojalá hubiera tenido el valor de preguntar antes por ti. Parecía que todos se morían por darme la noticia, pero no se atrevían a hacerlo sin que antes yo te mencionara “por casualidad”. De haber hablado antes y no tres meses después, tal vez te habría podido ver a través del vidrio de la puerta del hospital. Ahora lo único que conseguí ver fue una piedra tallada con garabatos sin sentido rodeada de flores blancas. Cómo odiabas las flores. Yo por eso, sólo lleve lágrimas.

