martes, 1 de octubre de 2013

Conjugaciones

-Mira, Pepe, que es importante que aprendas las tablas de multiplicar y a escribir bien.
-No entiendo, abuelo, por qué debo aprender todas esas cosas tan aburridas. ¿Es que tú ya no recuerdas lo aburrido que era ir a la escuela y estar sentado tanto tiempo sin hacer nada más que ver al pizarrón?

La verdad es que el abuelo no recordaba cómo era ir a la escuela porque nunca tuvo la oportunidad de hacerlo. Desde que tenía cinco años, su papá lo llevó al campo y le enseñó todo lo que un hombre tenía que saber sobre la tierra y su cuidado. La Tierra, el azadón y la merced del viento fueron sus mejores maestros. Creció y logró mejorar las técnicas aprendidas; lograba las cosechas más abundantes de Rancho Escondido y todos envidiaban los enormes elotes que obtenía.

-No seas malagradecido y ponte a estudiar- fue su única respuesta.

Gruñendo, Pepe se sentó en la mesa bajo la mirada vigilante del abuelo y comenzó con las labores que la maestra Martita les había asignado varios días atrás. Pepe era un niño de ocho años, y como todo niño de ocho años, sólo pensaba en salir a jugar con sus vecinos, correr detrás de un balón hasta que los pies no le dieran para más y regresar a la hora de la cena para tomar una deliciosa tasa de chocolate. Pero no esta tarde; ese día sólo habría tiempo para resolver las veinte multiplicaciones y hacer las cinco planas en letra cursiva. Y más le valía que las hiciera bien, la maestra Martita no era ningún pan de Dios.

El futuro no es
Una página en blanco
Es una fé
De erratas

-Abuelo, ¿qué es una fé de erratas?-preguntó curioso Pepe al terminar el primer párrafo que debía copiar.
-Cuando un libro tiene errores, se publica después una versión corregida y a eso se le llama fé de erratas.

De vez en cuando es bueno
Ser consciente
De que hoy
De que ahora
Estamos fabricando
Las nostalgias
Que descongelarán
Algún futuro.

-No entiendo por qué la maestra nos hace copiar esto ¡cinco veces! No entiendo nada. Quiero salir, hoy teníamos una cascarita con los de la Cuauhtémoc y me la voy a perder por culpa de esta aburrida tarea.
-Si no hubieras dejado que se acumulara tanto trabajo, seguramente habrías terminado pronto y podrías salir a jugar.

Hay
Ayeres
Y mañanas
Pero no hay
Hoyes.*


Al día siguiente, Pepe tampoco pudo salir a jugar. Pasó la tarde y la noche en una sala que parecía en llamas, frente a una caja enorme, acompañado de su familia y una enorme tristeza que no alcanzaba a comprender del todo. Hubo, sin embargo, una cosa que comprendió y recordó el resto de su vida: los momentos valiosos duran muy poco, a veces tan poquito que da mucho trabajo recordarlos, pero mañana tendremos la oportunidad de intentar de nuevo.

*Poema original: Conjugaciones,Mario Benedetti. 

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