Si me quisieras hubieras puesto más atención y habrías visto venir los faros del coche enfrente de nosotros, pero estabas demasiado ocupado viéndome dormir.
Pero ¿qué digo? Claro que me quieres, si no me quisieras no me hubieras llevado a ese claro lleno de flores, no me hubieras regalado ese primer beso ni me hubieras aguantado esos días del mes. Lástima que la banca a la orilla de la playa sea en realidad una asiento impersonal en una sala de emergencias y la felicidad tristeza mezclada con dolor.
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