Después del viaje que acababa de tener, lo único que quería era dormir. Un zapato se atravesó en mi camino a la cama y una playera sucia se convirtió en mi almohada.
Debí hacer algo bien ese día para toparme con el zapato; de no haber sido así, habría llegado a la cama, mi ropa se hubiera ensuciado y habría tenido que bañarme un día antes de lo planeado.
Pero solo tuve que cambiar las sábanas bañadas en sangre y hacer una llamada.
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