¿Cómo lo sé? Porque lo he visto. No mucha veces, eso es
cierto, pero las suficientes para saber que todos los hombres lloran. Incluso me
atrevería a decir que lloran más que nosotras, sólo que muchas veces lo hacen
sin dejar evidencias. Y por evidencias me refiero a almohadas húmedas, pañuelos
desechables llenos de mocos y gente preocupada a su alrededor sin saber que
hacer por verse presentes en tan incómoda situación.
Sí, los hombres lloran para sí mismos, pensando que está mal
si otros lo ven. Lloran en silencio y sin derramar lágrimas para no mostrar
debilidad alguna, aunque en realidad se muestran débiles a cada paso que dan. Son
víctimas, como todos, de la publicidad, los estereotipos y el machismo. ¡Ah, el
machismo! Ese jala parejo.
Pero de vez en cuando la presa se llena y se desborda. Literalmente.
Un buen día se atiborran de sentimientos y explotan. Pero no explotan a la más
mínima provocación como las mujeres, necesitan un catalizador. Y por lo
general, el mejor catalizador es el alcohol. O una mujer. O una mujer con
alcohol. Si, definitivamente se necesita la presencia de alguna de esas dos
cosas para que el hombre llore visiblemente.
En lo personal, ver a un hombre llorar es una de las cosas
que más me conmueven porque nunca es un llanto hipócrita. Incluso pareciera que
sus lágrimas son más densas por todos los sentimientos y pensamientos que se
resistían a salir; en sus ojos se refleja el dolor o la felicidad de una manera
tan pura y sincera, llena de emoción… Esa cara sólo la vuelves a ver cuando
tienen un orgasmo o algún jugador de futbol mete gol en la cancha o dan un tiro
y no lo meten. Además, hay que admitir que ellos se ven mejor llorando porque
el rímel no se les corre. Bueno, al menos a la mayoría (que empieza a ser
minoría).
Los hombres son admirables cuando lloran. Lo son más que
cuando arreglan una fuga o mueven algún mueble pesado. Dejan ver lo humano en
ellos y lo parecidos que somos. Nosotras deberíamos aprender de su ejemplo y
dejar de llorar por tonterías o por berrinches, o sólo por chantajear a un
pobre cristiano. Eso sí, nunca dejemos de llorar por lo que puedan decir los
demás de nosotros: lloren si se les da la gana, que en estos días, hasta eso es
un privilegio.

1 comentario:
¡Vuelve a escribir más seguido!
Ya extrañaba leerte.
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