Y así pasa, día a día, vivo con esa dicotomía, en el círculo vicioso del que sabe que no sabe. No sé si soy yo o son los demás. No sé si lo hago por ellos o lo hago por mí. No sé si en verdad me importan o me importo yo. No sé si los alejo por su bien o por el mío. Tampoco sé si es relevante saberlo. Lo único de lo que estoy segura, es que quisiera que no me importara un carajo.
viernes, 24 de agosto de 2012
El círculo vicioso del que sabe que no sabe
Hay días en los que la soledad es abrumante. Momentos en los que te sabes sólo y lo único que puedes hacer es vivir con ello. La pregunta natural para esos momentos es ¿lo estaré haciendo bien? ¿Sabré realmente estar sólo? Por lo general mi yo interno responde que no y el externo se resiste, grita, llora y corre hasta más no poder para terminar arrodillado, vencido una vez más y admitiendo la cruel respuesta: No, no sabes estar sólo. En algunas ocasiones, incluso escucha el leve rumor de que quizás nunca aprenda a estarlo. Eso no evita que lo siga intentando, porque de eso se trata la vida, prueba y error. O al menos eso le hicieron creer.
Y así pasa, día a día, vivo con esa dicotomía, en el círculo vicioso del que sabe que no sabe. No sé si soy yo o son los demás. No sé si lo hago por ellos o lo hago por mí. No sé si en verdad me importan o me importo yo. No sé si los alejo por su bien o por el mío. Tampoco sé si es relevante saberlo. Lo único de lo que estoy segura, es que quisiera que no me importara un carajo.
Y así pasa, día a día, vivo con esa dicotomía, en el círculo vicioso del que sabe que no sabe. No sé si soy yo o son los demás. No sé si lo hago por ellos o lo hago por mí. No sé si en verdad me importan o me importo yo. No sé si los alejo por su bien o por el mío. Tampoco sé si es relevante saberlo. Lo único de lo que estoy segura, es que quisiera que no me importara un carajo.
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