domingo, 26 de agosto de 2012

Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que ella también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tu estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú.

-Frida Kahlo



viernes, 24 de agosto de 2012

El círculo vicioso del que sabe que no sabe

Hay días en los que la soledad es abrumante. Momentos en los que te sabes sólo y lo único que puedes hacer es vivir con ello. La pregunta natural para esos momentos es ¿lo estaré haciendo bien? ¿Sabré realmente estar sólo? Por lo general mi yo interno responde que no y el externo se resiste, grita, llora y corre hasta más no poder para terminar arrodillado, vencido una vez más y admitiendo la cruel respuesta: No, no sabes estar sólo. En algunas ocasiones, incluso escucha el leve rumor de que quizás nunca aprenda a estarlo. Eso no evita que lo siga intentando, porque de eso se trata la vida, prueba y error. O al menos eso le hicieron creer.


Y así pasa, día a día, vivo con esa dicotomía, en el círculo vicioso del que sabe que no sabe. No sé si soy yo o son los demás. No sé si lo hago por ellos o lo hago por mí. No sé si en verdad me importan o me importo yo. No sé si los alejo por su bien o por el mío. Tampoco sé si es relevante saberlo. Lo único de lo que estoy segura, es que quisiera que no me importara un carajo.




¿Y si..?

¿Y si acabamos con la pobreza? ¿Y si les garantizamos educación por más tiempo? ¿Y si aumentamos los subsidios a la luz y transporte público? ¿Y si tratamos con China? ¿Y si seguimos de lameculos con EUA? ¿Y si apoyamos a las mujeres? ¿Y si decimos que nos agradan los homosexuales? ¿Y si presumimos de nuestros logros? ¿Y si hago preguntas que nadie responderá? ¿Y sí hago como que tengo todo resuelto? ¿Y si aprendo bien mis líneas, sonrío y saludo? ¿Y si digo que puedo porque soy mujer? ¿Y si hacemos como que nos importa?

Ninguna de estas preguntas es relevante; ninguna respuesta es útil para el día a día. Más que políticos, son actores; no deberían aspirar a ser presidentes de un país, lo más que pueden lograr es ganar un premio de la Academia por mejor farsante del año. Tristemente, eso es lo que el pueblo pide: al más galán para protagonizar la novela de los próximos seis años. Y hay que tener cuidado con lo que deseamos, porque podríamos obtenerlo.

Pero, ¿y si dejáramos de creer que el gobierno resolverá todo? ¿Y si dejamos de esperar que la comida llegue en bandeja de plata? ¿Y si dejamos de conformarnos para empezar a ocuparnos? ¿Y si tratáramos de superarnos? ¿Y si defendiéramos nuestra Tierra y cuidáramos de nuestros vecinos? ¿Y si aprendiéramos un poco de historia? ¿Y si valoráramos el presente? ¿Y si pensáramos a futuro? ¿Y si cuestionáramos lo que la televisión nos vende? ¿Y si usáramos ese ingenio natural para algo más que insultos bien elaborados? ¿Y si empezáramos a crear en lugar de copiar? ¿Y si imagináramos más? ¿Y si, como dijo Eduardo Galeano, empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Y si a nosotros, prole, de verdad nos importara?

Otra cosa sería. Porque si los de abajo se mueven, los de arriba se caen.


domingo, 19 de agosto de 2012

Te quiero


Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

Tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

Y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

Te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.




-Mario Benedetti

viernes, 17 de agosto de 2012

Los hombres también lloran


¿Cómo lo sé? Porque lo he visto. No mucha veces, eso es cierto, pero las suficientes para saber que todos los hombres lloran. Incluso me atrevería a decir que lloran más que nosotras, sólo que muchas veces lo hacen sin dejar evidencias. Y por evidencias me refiero a almohadas húmedas, pañuelos desechables llenos de mocos y gente preocupada a su alrededor sin saber que hacer por verse presentes en tan incómoda situación.


Sí, los hombres lloran para sí mismos, pensando que está mal si otros lo ven. Lloran en silencio y sin derramar lágrimas para no mostrar debilidad alguna, aunque en realidad se muestran débiles a cada paso que dan. Son víctimas, como todos, de la publicidad, los estereotipos y el machismo. ¡Ah, el machismo! Ese jala parejo.
Pero de vez en cuando la presa se llena y se desborda. Literalmente. Un buen día se atiborran de sentimientos y explotan. Pero no explotan a la más mínima provocación como las mujeres, necesitan un catalizador. Y por lo general, el mejor catalizador es el alcohol. O una mujer. O una mujer con alcohol. Si, definitivamente se necesita la presencia de alguna de esas dos cosas para que el hombre llore visiblemente.
En lo personal, ver a un hombre llorar es una de las cosas que más me conmueven porque nunca es un llanto hipócrita. Incluso pareciera que sus lágrimas son más densas por todos los sentimientos y pensamientos que se resistían a salir; en sus ojos se refleja el dolor o la felicidad de una manera tan pura y sincera, llena de emoción… Esa cara sólo la vuelves a ver cuando tienen un orgasmo o algún jugador de futbol mete gol en la cancha o dan un tiro y no lo meten. Además, hay que admitir que ellos se ven mejor llorando porque el rímel no se les corre. Bueno, al menos a la mayoría (que empieza a ser minoría).
Los hombres son admirables cuando lloran. Lo son más que cuando arreglan una fuga o mueven algún mueble pesado. Dejan ver lo humano en ellos y lo parecidos que somos. Nosotras deberíamos aprender de su ejemplo y dejar de llorar por tonterías o por berrinches, o sólo por chantajear a un pobre cristiano. Eso sí, nunca dejemos de llorar por lo que puedan decir los demás de nosotros: lloren si se les da la gana, que en estos días, hasta eso es un privilegio.