Amanece y me pregunto cuántos días más tendremos que vivir
luchando. Cuántas horas más se irán gastando mientras resistimos. ¿El mundo se
cae a pedazos o nos lo tiran en la cara?
Los últimos meses han estado salpicados de noticias
abrumadoras. El 2 de marzo el asesinato de Berta Cáceres, luchadora incansable
y reconocida con el Goldman Environmental Prize sacudió a Honduras y al mundo.
Doce días después el de Nelson García, compañero de Berta en el Consejo Cívico
de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, pone en evidencia la
problemática que Global Witness denunció en 2014: ser defensor de la vida en
Latinoamérica es tentar a la muerte.
Durante un mes, el único testigo de la muerte de Berta,
Gustavo Castro, fue retenido en Honduras. Mientras, todos quienes lo conocían
emitieron comunicados exigiendo seguridad y pronto retorno. Denunciaron y
exigieron justicia. Gobiernos se sumaron al llamado. Gustavo volvió a México y
las muertes de los miembros del COPINH no han sido esclarecidas.
El 25 de junio los integrantes de la Caravana Mesoamericana
para el Buen vivir, dedicados en cuerpo y alma a transformar realidades locales
a través del uso de ecotecnologías, fueron retenidos en Nicaragua. El
presidente Daniel Ortega los denunció por “manipulación de sustancias
explosivas y exposición de personas al peligro”. Dos días pasaron sin que se
supiera dónde estaban hasta que fueron expulsados del país con el trabajo de un
año casi destruido.
Bastaron un par de horas para que quienes conocían el
trabajo de la Caravana, tanto en Nicaragua como en sus países de procedencia,
se organizaran para garantizar la integridad de Emanuel, Salvador, Daniel, Ana,
Byron y Eugenio. Videos de sus padres, amigos y compañeros demandando su
liberación; manifestaciones en las embajadas y consulados, fraternidad del
Consejo Nacional en Defensa de Nuestra Tierra, Lago y Soberanía. Las redes
sociales se convirtieron en ojos pendientes de cualquier noticia, listos para
reaccionar.
Todos ellos, y muchos otros cuyos nombres desconocemos, que
son lo suficientemente valientes para creer que otro mundo es posible, han
trascendido en muchos corazones. Siguen luchando, en este y otros mundos, por
la transformación de la realidad. Y es que en la realidad contemporánea,
aquellos que luchan por la vida con la vida son criticados, ultrajados,
violentados y asesinados. Ante esto, se antoja que el mundo dejara de girar un
ratito; que parara para que pudiésemos mirar todos los crímenes que quedan
impunes; para observar el dolor y reflexionar sobre las causas.
Deberíamos, quizá, hacer a un lado el frenesí de la rutina y
darnos cuenta que el mundo tiembla de rabia acumulada por tanta impunidad y
violencia. Que un día de estos esa olla de presión va a explotar y se
convertirá en una nube de creatividad, organización, empatía y respecto. Porque
Berta y sus ideales no murieron, se multiplicaron. Porque la Caravana volverá y
no estará sola, volverá y seremos millones.
En memoria de Berta Cáceres, Nelson García, Lesbia Urquía y
todos aquellos que han entregado la vida por la vida.
En homenaje a Gustavo Castro, Emanuel de la Luz, Salvador
Pérez, Daniel Espinosa, Ana Laura Rodríguez, Byron Reyes, Eugenio Pacelli y
todos los corazones que luchan, resisten y viven y construyen el sueño de un
mañana diferente.

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