martes, 10 de junio de 2014

Cambios extraños hay en mí...

Las gotas por fin lograron desprenderse del cielo y caen acompasadamente en cada una de las ventanas de la casa. El techo de lámina repiquetea estrepitosamente y las mascotas han corrido a refugiarse en sus respectivas casas. Después de un día de bochorno y calor, el agua promete refrescar las almas.
Los planes con los que inicie el 2014 parecen lejanos y hechos por un extraño. Y es que lo son. De entrada sigo sin titularme, aunque ya no falta mucho. Hace seis meses solo pensaba en escribir y dedicar mi vida narrar el mundo. Ahora, con el examen recepcional a solo diez días de distancia, la vida parece otra. Infinita, inquietante, incierta. Maravillosa.
Más emocionante, aventurera. Por segundos pienso que debería estar asustada, preocupada por lo que viene, por no tener un trabajo y estar a punto de entrar al mundo de los adultos. Pero no. La emoción carcome cualquier otro sentimiento y la personita atrapada en la morena piel bailotea sin parar. Eso debe ser lo que me mantiene agotada.
¿Entrar al mundo de los adultos? Jamás. Quiero mi propio mundo, uno donde pueda basar mis relaciones en cimientos diferentes a los que heredé, donde pueda amar a mi manera y a quien yo decida. Hacer lo que quiera en donde quiera sin sentirme culpable. Donde los bancos y sus respectivos banqueros serán la última opción y si el teléfono se descompone, nada pasa.

El granizo ha comenzado a golpear los vidrios y los truenos amenazan con cortar la luz en cualquier momento. La lluvia cae sobre la ciudad y limpia los corazones de los que la escuchan.

Fotografía: Eréndira Vallarta